SONGBOOK OF SONGS


Este otoño, el sello Sub Pop desembarca en España con numerosas novedades. Éstas propuestas junto con otras del sello Houston Party Records se reúnen en el recopilatorio Songbook of Songs, que incluye pistas de los siguientes álbumes de reciente publicación:

Constantinte “Tournament of Hearts”: Dicen los canadienses que esos paisanos suyos son la mejor banda de rock de aquel país. Son hijos de Fugazi, hermanastros de MAke-Up y Trail of Dead, nietos de Springsteen y Strummer. Una catarsis pura y dura. No hacen ni un solo autoindulgente y te dan paz golpeándote contra un muro.

Sleater-Kinney “The Woods”: Este disco tiene todos los números para arrasar en las listas de lo mejor de 2005. El tercer corte de Songbook of Songs recoge uno de los huracanes que ese trío ha incluido en su flamante álbum. Algo bestial. Una década de culto underground y no tan underground comprimida en cinco minutos.

Fruit Bats “Spelled in bones”: Éste es un gran disco de pop. No de un pop cualquiera. Agridulce, reflexivo, cálido y con unos arreglos nunca sobreproducidos (en los que mandan las teclas), es digno de un tributo imaginario de los Wilco de 1999 a Brian Wilson.

Love as Laugter “Laughter’s Fifth”: Este grupo le echa fuego, alma y abandono a lo que hacen, y en éste su quinto álbum nos cuentan historias de incomunicación, remordimientos y juego sucio. Todo tocado como si fueran guerreros de fin de semana, sin pretenciosidad pero con la garra que su vocalista, Sam Jayne, transfiere a toda la banda.

Kinski “Alpine Static”: Kinski rockea como cualquier banda de garaje, dándole bien fuerte, pero además, tocan bien. Este disco reconcilia euforia con introspección, improvisación con canción. Acelerado y crudo, su viaje te extenúa, te relaja y te extenúa de nuevo. No hay escondites, aquí todo es aventura.

Jennifer Gentle “Valende”: En su tercer disco, estos italianos zambullen sus canciones en ácido, ácido místico, lo-fi, expresionistas y muy divertido. Su propuesta es de una originalidad salvaje, tanta que hace pensar hasta en los Phenomenological Boys, pero con pies y cabeza.

Wolf Parade “Apologies to the Queen Mary”: Melodías fuertes, intoxicantes, pólvora para el sistema nervioso. Un esfuerzo colectivo endemoniado, guiado por un teclado que parece de Sun Ra y voces eufóricas. Art-rock macarrilla, listo para alborotar el dancefloor indie. Un David Bowie que tuviera hoy veintipico años plantando cara a Franz Ferdinand.

Chad Vangaalen “Infiniheart”: Un disco de habitación sin lágrimas de cocodrilo ni manipulador de grabadoras caseras sin ton ni son. Folk-rock espacial que trasciende estereotipos. A veces vira hacia una versión de bolsillo y muy personal de The Flaming Lips, otras hacia una ídem de Camper Van Beethoven.

Rosie Thomas “If Songs Could Be Held”: Rosie amplía su nómina de colaboradores, deja de escribir sólo sobre su experiencia personal y muestra una forma de interpretar más metódica y confiada. No se pasa de etérea como en su disco anterior y sí recupera el dominio de fragilidad que tanto nos pasmó en su primer disco.

Holopaw “Quit and/or Fight”: Tiremos de analogías: si Iron & Wine fueran Bob Dylan, Holopaw serían The Band. Sin miedo para experimentar con la tradición, su indie-folk es menos cristalino y pulido que en su debut y muestra más nervio y orquestación. Música del sur de EUA desde una impresión abstracta.

The Postal Service (remezcla inédita de la mano de Nobody): Éste es un supergrupo que ha ideado una amalgama de sonoridades, que atrapan gracias a una sutileza magistral en los arreglos, combinados con unas voces que se deslizan como un instrumento más, creando un todo. Este recopilatorio recoge una remezcla de Be Still My Herat de la mano de Nobody (Dj de Prefuse 73) que a la vez publicó “And Everything Else” en Houston Party en juniio de 2005.

Iron & Wine “Woman King”: En este mini LP se encuentran algunas de las mejores canciones que ha escrito Sam Beam, 6 joyas de pop intimista sin demasiados artificios que nos emocionan de forma directa y sencilla pero que alcanzan la belleza extrema.

Anterior ROBBIE WILLIAMS. Intensive Care
Siguiente ANDRÉS CALAMARO. EL REGRESO