En la mente de muchos, la región de Lombardía (al norte de Italia, para más señas) no existe. Mucha culpa la tiene el cine, obsesionado con otras comarcas italianas, para bien -véase la Toscana- o para regular -como Sicilia-. Para otros, esta región es negocio, industria… unos pocos, asocian Lombardía con Milán y olvidan todo lo demás… Pues bien, es una región bellísima, llena de contrastes, en la que las enormes montañas chocan con las grandes praderas y las urbes cosmopolitas con las recónditas aldeas.

Texto: SANDRA SÁNCHEZ

Las fronteras han marcado el ritmo histórico de Lombardía… las fronteras y su riqueza que hizo de la región el tesoro a conquistar para los grandes señores medievales, los Papas y los grandes líderes políticos. De su estancia en estas tierras quedó un pasado sangriento y de destrucción, claro está, pero también un reguero de iglesias, monasterios, abadías, catedrales, castillos…

Me han prohibido que hable de Milán. No hay resentimientos en la exigencia, simplemente se debe a que hace un par de meses escribí un monográfico en esta misma revista sobre la ciudad -lo puedes leer en su versión electrónica www.experpento.com, “éxodo”-. No obstante, es imprescindible citar que Milán es la capital de la región, y por tanto, punto desde el cual podemos iniciar la aventura.

Sin motivos objetivos, empezaré por Bérgamo, la capital de la provincia homónima. Su caracte-rística más peculiar es que se divide en dos partes, la ciudad alta y la baja. La segunda se extiende por la llanura y pese a que allí hay muchas cosas para ver lo más interesante está en la montaña, en “la cittá alta”. Una muralla construida bajo el mando veneciano hace que quede muy bien deli-mitada. Su estructura es pintores-ca, podemos recorrerla a través de empinadas escaleras y calles medievales. Hay dos tramos de funicular: el primero para llegar y el segundo para subir a la Colina de San Virgilio, donde está el castillo -con una panorámica im-presionante. La Piazza Veccia es el corazón de Bérgamo. Allí contem-plamos las fachadas del Palazzo de la Ragione y del Palazzo Nuovo (sede de su nutrida biblioteca), el Campanione… En la plaza del Duomo encontramos la catedral. Aquí mismo visitaremos el Baptis-terio, un edificio octogonal del que merece la pena ver el pórtico levantado sobre una serie de columnitas en mármol rojo de Verona. Sobre la colina de Santa Eufemia se eleva La Rocca, una fortaleza construida en el siglo XIV y remodelada por los venecianos, que entre otras cosas añadieron un torreón circular. Desde el parque, la Escalera del Condena-do nos lleva al antiguo monasterio de San Francesco. Lo más representativo de Bérgamo es la basílica de Santa María Maggiore y la Capilla Colleoni (justo al lado) cuya fachada es una de las máxi-mas representaciones del renaci-miento lombardo. De la basílica podemos decir que en su interior guarda verdaderos tesoros, entre los que destacan el coro de madera y los tapices flamencos y florentinos.

A unos 60 km de Bérgamo está Brescia, la segunda ciudad más importante de la región por número de habitantes. Su industria la convierte en epicentro económico de Italia y su cercanía a los Alpes y a algunos lagos, en un enclave turístico. A lo largo de la historia ha pasado por muchas manos. Episodios “recientes” son su anexión a la República de Venecia -periodo en el cual vivió momentos esplendorosos. En el siglo XVIII Napoleón la anexionó a la República Cisalpina. Con el declive del imperio, se adhirió a Austria, y con la revolución francesa, los aires de libertad movieron conciencias y fue en este momento cuando adquirió el sobrenombre de “la Leona de Italia”. Por tanto, en su historia reciente, como ciudad italiana se remonta tan sólo a 1859.

Todos estos avatares históricos han dejado huellas en la ciudad. Así, de épocas remotas destacan el Templo Capitolino y el Teatro Romano, que descansa sobre la colina. El Brolleto dominado por la Torre del Pégol, del siglo XI, es uno de los más importantes palacios lombardos medievales. El castillo

-iniciado en el siglo XII- es una auténtica ciudadela fortificada, con torres, patios, puentes levadi-zos y subterráneos que pueden visitarse. El Duomo Viejo o Rotonda, es el principal templo de la ciudad. Su interior está formado por un espacio central compuesto por ocho pilares que sostienen una cúpula majestuosa. Allí está la cripta de San Filastro, construida con los restos romanos y bizan-tinos de la basílica anterior. La Piazza de la Logia, erigida durante el mando veneciano, reúne La Logia -en su día, palacio público y hoy sede del ayuntamiento-, los edificios del Monte Viejo y el Monte Nuevo de Piedad, y los pórticos con la Torre del Reloj. Los vene-cianos también dotaron a Brescia de muchas iglesias, palacios y nuevos muros fortificados, que la convirtieron en inexpugnable…. Es inevitable visitar el Duomo Nuevo, construida a lo largo de dos siglos, motivo por el cual amalgama nu-merosos estilos artísticos, que van del barroco al neoclasicismo. El mercado de cereales es uno de los lugares más fascinantes de Brescia.

A 70 km de Milán está el Lago de Como, uno de los más profundos de Europa y el tercero más grande de Italia. Una vez allí, es recomen-dable bordearlo con un coche, ya que a sus orillas se levantan idílicas poblaciones como Bellagio, con sus hermosos jardines de la Villa Melzi, Villa Carlotta o Como, ciudad y región que bautizan al lago. Un consejo: dejad el espítitu de turista voraz a un lado y dejaros impresionar por el atracón de naturaleza y paisaje.

Hay quien dice que la más bella provincia de Italia es la de Varese… quizás exageren o quizás no. Gran parte de su encanto se debe a su situación geográfica: se encuentra bajo los Alpes, está bañada por múltiples ríos (incluyendo el Tesino y Olona) y lagos glaciales (Maggiore, Luga-no, Varese y los siete lagos vare-sinos). En el sur de la provincia a los pies del Sagrado Monte y a orillas de un lago, está Varese, la capital, enclave turístico rebau-tizado como la Ciudad Jardín.

Para terminar este recorrido por Lombardía no quiero pasar por alto la línea azul, llamada así por el río Po. Se extiende al sur de la región y poco tiene que ver con los paisajes montañosos que dominan el norte. Pavía es la capital de los Longobardos. Allí encontramos el Castillo Visconti, la Catedral, la iglesia de San Pietro in Ciel d’Oro, la iglesia de San Michele – donde se coronaba a los reyes longo-bardos- la Certosa, una auténtica joya del Renacimiento…. Lodi, cuyo centro histórico permanece intacto, es un lugar único para pasear, sin más, y encontrarnos por casualidad con la catedral y el Broletto, los soportales del Po y la Incoronata…

Cremona es otra ciudad excelente para pasear. Como dato curioso diremos que es un punto de referencia en el mundo de la fabricación de violines. Destacan su catedral, su baptisterio y su espléndida plaza del ayuntamien-to. El territorio de Cremona se extiende hasta Casalasco, rico en villas, castillos, iglesias y palacios. Destacan las murallas venecianas de Crema, los castillos de Pandino y Soncino y los restos amurallados de Pizzighettone.

Mantova es una bonita isla rodea-da de tres lagos formados por el río. Destacan los maravillosos fres-cos de la familia Mantegna, el Tea Palace y sus iglesias. Muy cerca de Mantova, podemos admirar el hermoso santuario de Beata Vergine alle Grazie y la abadía Polirone, en San Benedetto Po.

Acabo con la sensación de que en este artículo he metido mucha cosa y de que encima, me dejo mucho en el tintero. Espero que por lo menos sirva para despertaros la curiosidad, empecéis a investigar y acabéis por viajar a este impre-sionante enclave natural, histórico, paisajístico y artístico.