Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografías de Piramide Films

La Mirada de Ouka Leele es de esos documentales que te descubre que un icono del arte es además un ser humano. Sus miedos, sus puntos débiles, pero también lo más íntimo de sus sentimientos y lo que significa la felicidad. Rafael Gordon lo ha conseguido y al salir de la sala admiramos mucho más de lo que lo hacíamos a una gran artista como Ouka Leele.

Una de las primeras imágenes del documental es la de una concentración contra el terrorismo en 2004 en la estación de Atocha, posteriormente aparecen imágenes de obras cuyos protagonistas son Suárez y Alfonso Guerra. ¿Qué influencia ha tenido la política en tu carrera?

Pues toda o ninguna. No estoy muy interesada por lo que hacen los políticos, es decir, que a mí no me interesa casi nada que no sea el Arte. Me interesa lo sublime. Me encantaría que los políticos pudieran hacer cosas sublimes, decir cosas sublimes, pero… creo que lo tienen difícil. Lo de meter lo de Atocha en la “peli” es idea de Rafael Gordon. A mí, y creo que eso en la película se refleja, lo que me conmueve de esa escena es el sacrificio humano tan brutal que se vivió en Madrid. El dolor de tantas personas y sus seres queridos… La política nos influye a todos, desde luego.

También comentas con tu cerdito sobre la cabeza que tus obras no eran una crítica social sino una sublimación de lo cotidiano, de lo doméstico ¿Era realmente así?

En parte sí, era la sublimación, y también era una especie de crítica a la esclavitud de lo doméstico, del trabajo etc. Personajes con pesadas máquinas de escribir sobre su cabeza o planchas o maquinillas de afeitar. En aquel momento sólo había expuesto la serie de peluquería, el autorretrato con agua y algunas más. Me fijaba en las cosas que hacemos los humanos, tan extrañas para los animales y las sacaba de contexto.

¿Quién hubiera sido Ouka Leele sin La Movida?

No tengo ni idea. Pero puede que hubiera sido maravilloso o fatal. La cosa es que fue así.

De pequeña querías ser Santa. Complicado en una época como los 80 donde se llevaba el ser diablo ¿no?

Sí, sí, muy complicado, pero en La Movida cabían los santos y los diablos.

Se me quedó grabada una frase preciosa: “En el presente están todos los tiempos desde él puedes cambiar el pasado y el futuro…”

Sí, eso es filosofía y la practico, pero a veces, también me olvido. Quizás ya lo sabía cuando pasé por una dura enfermedad y esa idea de pensar que puedes morirte con tan solo 22 años, te hace valorar cada instante del presente.

Hablas de una experiencia muy dura, cuando enfermaste de cáncer, sin embargo también lo transformas en algo positivo. Hablas de tu relación con el médico con el que llegaste a un acuerdo muy peculiar, un intercambio de vida por vida, él te cura y tu le pagas con tus cuadros…

Sí, una gran persona Claude Jasmin, me hizo tomar las riendas de la situación, me dijo: no quiero que me paguen tus padres, quiero que me pagues tú con tu obra y así lo hicimos. Me dijo que lo que tenía era grave pero que podía curarme. Me hizo creer que el cáncer se cura. Y así fue.

Siempre has luchado por mantenerte libre. Con tu prestigio esto resulta más fácil o más difícil…

No sé qué decirte, la lucha siempre es la misma, la libertad se va cargando de nuevos lugares, nuevas necesidades, nuevos retos… El prestigio no se come, pero ayuda a que te respeten.

Mientras estás pintando el Mural en Ceutí, el lugar es declarado zona catastrófica después de unas terribles lluvias, sin embargo, el mural permanece intacto. ¿Uno más de esos “presagios” que han acompañado a tu nombre artístico?

Puede que sí…

¿Crees que con el arte debería pasar lo mismo que con la música? Que debería dejarse al espectador la libertad de interpretarlo y de sentirlo dejando a un lado los elitismos que hacen que en muchas ocasiones se le separe de la gente común.

Desde luego el arte es para todos. A mí cuando alguien me dice que no entiende de arte y que no se atreve a opinar, le digo que se atreva que mire dentro de sí a ver qué siente cuando escucha o contempla una obra de arte. El arte se aprende disfrutándolo.

Cuando estuvo acabado el documental y lo viste por primera vez, ¿qué sentiste?

Antes del estreno unos nervios insoportables, no podía dormir, me impresionaba el estar en la gran pantalla, que me vieran a mí, ya que no se iba a juzgar un trabajo de actriz sino mi propia persona. ¿Y qué es lo que me encuentro? Amor, a raudales, la gente me quiere más después de ver la película. Se lo agradezco un montón a Rafael. Es un maestro. A mí me cuesta mucho mirarme. En este caso, pude verme y mirarme y disfrutar de la peli que es fantástica. Sentí que es una película preciosa, muy sensible y entrañable y que toca el corazón. He visto ya a varias personas salir llorando de emoción de la película.

Te hago la misma pregunta pero con el Mural de Ceutí…

El mural lo vi continuamente mientras lo hacía y la verdad es que hubiera seguido pintando más tiempo. A mí me gusta mucho, qué quieres que te diga.