“Cascaras vacías” en el María Guerrero


Texto de Sandra Sánchez
Fotografías de marcosGpunto

Información práctica: https://experpento.com/event/cascaras-vacias/

Al leer sobre los porqués de esta obra necesaria, sentimos como se nos hiela la sangre.

“Cáscaras vacías” era la forma en la que los nazis se referían a personas con algún tipo de discapacidad. En seis años, fueron más de 200.000 personas las asesinadas por supuestos científicos y personal médico. “Empezaron eliminando personas con discapacidad psíquica severa –señala Laila Ripoll– pero después se fue ampliando a personas con cualquier tipo de discapacidad y terminaron con el exterminio de colectivos que ellos consideraban inferiores, como judíos, gitanos o españoles” Con estas personas se experimentó, sus cuerpos fueron el modelo con el que se dibujaron láminas médicas y sus cerebros formaron parte de reconocidas colecciones científicas. Y de aquí es de donde parte la obra.

“El castillo de Hartheim –afirman Laila Ripoll y Magda Labarga–, el lugar donde transcurren los hechos que se narran en ‘Cáscaras vacías’, fue uno de los seis establecimientos donde se realizaron estas matanzas a manos de personal sanitario tanto como de personal militar. Unos de los aspectos más terribles de esta terrible historia es que quienes cometieron estos asesinatos fueron científicos, hombres y mujeres educados, personas de su tiempo envueltas en la indiferencia de una sociedad anestesiada por la burocracia y la propaganda. Una sociedad preocupada por la salud, la excelencia y la productividad, extraordinariamente parecida a la nuestra”.


Magda Labarga y Laila Ripoll firman y dirigen el texto que se estrena en el Teatro María Guerrero. Ambas trabajaron juntas en el taller “Desde un lugar inesperado” durante el Festival Una mirada diferente de la temporada 2014-2015. “Cascaras vacías” llega a las tablas a través de tres actrices y tres actores –Raúl Aguirre, David Blanco, Patty Bonet, Ángela Ibáñez, Paloma Orellana y Jesús Vidal– que Laila Ripoll describe de la siguiente forma: “tenemos una excelente bailarina, tenemos una actriz de una emotividad fuera de lo común, tenemos un bailarín extraordinario, tenemos un pintor, una persona de gran sensibilidad, que además de actuar nos está haciendo los dibujos que se usarán en la videoescena. Tenemos una actriz con una calidad de movimiento y una capacidad para la comedia muy grande y tenemos un actor con una brillantez intelectual y una irradiación en escena muy fuerte. Es tan magnético que tenemos que tener mucho cuidado porque si él está en el escenario se ‘come’ todo lo demás. Nos cuesta mucho pensar dónde lo colocamos y haciendo qué, porque atrae todas las miradas”. Magda Labarga señala: “Contamos con tres actores y tres actrices, cada quien con sus capacidades. Ningún intérprete es calificado por lo que no sabe hacer. Por poner un ejemplo, un gran actor como Ben Kingsely quizá no podría bailar claqué o cantar ópera, pero cuando se habla de él no se menciona esto, no se menciona lo que no puede hacer, no se menciona si es calvo o delgado. De la misma manera, nosotras queremos referirnos a nuestros intérpretes no desde la etiqueta de lo que no pueden, sino desde lo que sí pueden hacer”.

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“Cáscaras vacías” es una obra que en la medida de sus posibilidades hace un impresionante homenaje a aquellas personas que sufrieron la crueldad nazi. Y cabe recordar que los nazis eran seres como nosotros y nosotras, por tanto, “Cáscaras vacías” nos alerta, en cierta forma, de que si la corriente empuja nuestra espalda, tenemos la capacidad de ser extremadamente malvados, por acción u omisión. Llega al público con un elenco inclusivo y con una obra acesible a un público universal: “Nuestro reto –asegura Magda Labarga– es contar una historia tan dura como esta y hacerlo en un espectáculo que sea accesible totalmente. La accesibilidad total es nuestro desafío artístico. Lo que el público va a ver cuando esté en la sala son seis cuerpos de muy diversas características, con su carga biográfica particular. Los personajes van a contar su historia en los momentos previos a su muerte. Para presentar esta historia hemos escogido, de todos los lenguajes teatrales posibles, el del cabaré. Coincidimos ambas en que nos encanta. El cabaré nos permite trabajar con mucha libertad, tiene que ver con la época y tiene que ver con la sociedad germànica”.


Más información: http://cdn.mcu.es/espectaculo/cascaras-vacias/



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