Texto de Reyes Muñoz

Debo de ser una excepción mundial. Nunca había oído hablar ni de Brunetti, ni de su madre literaria Donna Leon y mi primera incursión –que no la última– en esta saga literaria ha tenido lugar con El huevo de oro. Y esto a pesar de que hay tantos títulos de la autora en la web de Planeta que ni he intentado contarlos. Lo positivo de mi ignorancia es que ahora tengo una buena lista de libros que me apetece leer.

El huevo de oro comienza con un juego lingüístico y literario que debe de ser habitual en el seno familiar del comisario italiano. Padres y vástagos se dedican a inventar historias folletinescas mientras cenan, siempre pendientes de la corrección gramatical. Entre líneas podemos entender un mensaje que la autora lanza las masas. Que no nos engañe su fecundidad creativa, Donna Leon se niega a hacer mala literatura. O lo que es lo mismo, escribe libros como quien fríe churros, pero los escribe bien.

La trama es sencilla. Un joven sordomudo se ha suicidado. Ahí podría acabar la investigación si no fuera porque Paola, la esposa de Brunetti lo conocía y pide a su marido que meta la nariz, movida por el remordimiento de no haber prestado mayor atención a aquel hombre que ayudaba en la lavandería de la que es clienta. Y a partir de ahí descubrimos una Venecia “tupperware”. Nadie dice ni pío, y menos a la policía. El hermetismo de las gentes será el caballo de batalla del investigador, que no reniega de introducir en su modus operandi ciertos usos ilegales, si estos le sirven para resolver el caso. El final es muy interesante.

Más información: http://www.planetadelibros.com/el-huevo-de-oro-libro-117831.html

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