Texto de Reyes Muñoz

Mi relación con Almudena Grandes empezó cuando a los 17 años, en la investigación de lo prohibido leí Las edades de Lulú y quizás a destiempo descubrí que había cosas que me asustaban, otras que nunca entendería y que Platón era un flipado.

Ella es quizás la autora que mejor soporta y narra lo humano. Una sinvergüenza, que dirían los rancios, que en la España de los 80, cuando todos alucinaban con el pecho de Sabrina, se lanzaba valiente y sin red a lo turbador. Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón… son grandes libros rebosantes de ternura (y de lo opuesto) y a salvo de ñoñerías. Almudena Grandes te enamora hasta las trancas de la Literatura. Las películas no suplen la lectura, porque no creo que haya nadie que escriba mejor que ella.

Con el nuevo siglo, a la autora, quizás víctima de la madurez, le dio por indagar en un pasado en el que no crecimos pero que pesa como una losa sobre nuestras chepas. Los episodios de una guerra interminable comenzaron con El corazón helado y hasta la fecha Las tres bodas de Manolita es la última entrega. El penúltimo capítulo fue El lector de Julio Verne, que ahora sale en bolsillo. Nos enfrenta al momento en el que todo crío descubre que su padre no es un dios. Nino es el protagonista, y la diferencia entre él y nosotros es que su mundo se desmorona en la postguerra. Pepe el Portugués pondrá patas arriba su realidad. El niño aprende a asumir que a veces, hacer lo mejor no siempre consiste en hacer lo bueno.

Más información sobre este libro en: http://www.almudenagrandes.com/

Lee este artículo en la edición impresa de ExPERPENTO abril-mayo 2014: