Entrevista de Diego Yturriaga
Fotografía de Quim Vives © cortesía de Splendor Films ©

Hablar es un paseo desde la Plaza de Lavapiés hasta la Sala Mirador (400 metros). 80 minutos en plano secuencia con más de 40 actores y un equipo técnico totalmente engranado. Suceden en este paseo 20 historias y está dirigida por Joaquín Oristrell a partir de un proyecto gestado en la escuela de Cristina Rota. Una buena foto del oficio de actor en España: entre otros están Sergio Estefanía de los Santos, María Botto, Raúl Arévalo, Marta Etura, Juan Diego Botto, Astrid Jones, Dafnis Balduz, Mercedes Sampietro, Nur Levi, Miguel Ángel Muñoz y Carmen Balagué. Hablamos con uno de ellos: Sergio Peris-Mencheta. Y nos da pistas de esta atrevida película coral a lo Max Estrella, y sobre sus proyectos e inquietudes.

Esta es la entrevista completa que hicimos con el actor que puedes encontrar (resumida) en edición en papel del ExPERPENTO del verano. Abajo lo puedes descargar.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en esta película y cómo ha sido el previo? Hablar se gestó en el estudio de Cristina Rota hace ya cinco años. Es una mezcla entre teatro y cine. ¿Cómo ha sido el trabajo en HABLAR?
Yo soy de los que defiendo que es cine, pero la manera en la que está hecha remite al teatro, evidentemente. Es un plano secuencia de 80 minutos donde no hay un corte y donde te lo juegas todo, porque sabes que si el que el que está haciendo la última escena falla hay que repetirlo todo. La adrenalina es muy parecida al teatro. No se puede modificar nada, cortar, no se puede retomar como se dice en cine. Este proyecto nace en la escuela de Cristina Rota y creo que soy de los pocos del reparto que no estudió allí, yo estudié en la competencia, soy de Coraza, pero bueno, debo muchas cosas a Cristina, Juan y a la gente de la escuela y me invitaron a embarcarme en esta historia que se sale de los cánones del cine habitual, de las historias que se cuentan y cómo se cuentan habitualmente, no por solo por el hecho del plano secuencia que eso sí que se ha hecho más veces, sino porque éramos los propios actores los que hemos propuesto de qué nos apetece hablar, por eso se llama Hablar. Es una película que habla principalmente de la soledad del urbanita, de cómo a pesar de estar rodeado de gente se está profundamente solo. Y todos y cada uno de los personajes confluyen en buscar salir de esa soledad, encontrarse con el otro y poder hablar y relacionarse, y más en esta época en la que estamos tan imbuidos en el desencuentro que nos produce la crisis, que parece que está hecha principalmente para separarnos y que tengamos menos fuerza. El propósito era juntarnos unos amigos y contar la historia que nos apetecía contar. Su gestación es el antídoto a la soledad, pura salud.

Eso se ve en la película, en su final emocionante cuando Juan Margallo y Petra Martínez hablan sobre el hablar con todo el reparto de público.
Cuando vi la película, lo que más me gustó, lo que la hace distinta, fueron los títulos de crédito, el making-off. Ahí se ve la unión de un equipo de más de 50 personas unido como en Fuenteovejuna y precisamente para contar una historia de soledades. Todos detrás de la cámara apelotonados y coordinados, en un barrio (Lavapiés) que es justamente lo contrario: caos, y sin figuración. Fue una yincana artística lo que vivimos todos en esos días.

Hablando de esta yincana, ¿hubo algo especialmente complicado, algún accidente?
Se hicieron cuatro tomas pero la que quedó fue la cuarta. Valían todas pero se decidió que la que valía era esta. El lunes se hicieron dos y el martes otras dos. Yo soy más partidario de la primera del martes, al atardecer, por la luz. El director fue el único que vio todas y decidió que valía la última, ya de noche, quizás por el acting. Yo no tuve ningún incidente, y eso que entro y salgo en plano muchas veces, pero a Juan Diego Botto se le cruzó un tipo. A pesar de que fuese agosto en Lavapiés con actores que tienen que gritar, grabando a medianoche, no ocurrió nada que interrumpiese el plano secuencia, por lo menos yo no lo noto viendo la película. Es sorprendente.

¿Cómo diste con tu historia para desarrollar tu personaje?
Realmente yo no propuse ninguna historia. La premisa era qué historia queréis contar, y si hay algún tipo de personaje que os gustaría interpretar. Las propuestas que le hice a nivel de personaje no le cuadraban pero sí en cambio que quería hablar de lo que está pasando desde el punto de vista de un iluminado. Eso sí le cuadró y le dio opción para poder hacer la guía conductora de la película a través de mí, como un personaje que entra y sale. Esta propuesta tuvo lugar en una cafetería en Barcelona. A Oristrell no lo conocía y me dijo: bien pues sí vas a hacer de iluminado. Él, a la vez que se iba entrevistando con nosotros, iba componiendo las historias, su propio guion a partir de nuestras historias. Hubo algunos personajes que hizo sin esta conversación director-actor, pero son las menos. Cuadró, organizó, estructuró y le dio un sentido dramatúrgico a la película. A Antonia de la Torre le apetecía cantar, Juan Diego Botto propuso la historia de la peluquería, María Botto propuso la de la mujer con la niña, Nur Levi aprovechó que estaba haciendo un monólogo en la Sala Mirador y propuso la historia del teléfono, Raúl Arévalo le propuso lo de Alicia y coincidió que a Álex le apetecía hacer de travesti…

¿Qué historia en Hablar, aparte de la tuya, te hubiese gustado interpretar?
A mí me ha gustado mucho interpretar mi historia, pero de la película tengo mi escena favorita. Y es la escena del bocadillo, en la que Secun de la Rosa pide un bocadillo a un chaval en un puesto en la calle. Quizás porque se sale de la tremenda intensidad que hay en el resto. Por eso la disfruto tanto, por su sencillez, por haber sido propuesta por Oristrell y Secun, porque el chico (Fernando Solís) está estupendo. Para mí es el tesoro de este filme.

¿Es Hablar una película que te hubiese gustado dirigir?
No sé si exactamente esta, pero si algún día dirijo cine creo que lo haría en plano secuencia, que es como entiendo el cine, y la vida, que es un continuo: la vida pasa. Como creador me entusiasma la idea de que no haya cortes. Me parece que de esta manera se mete mejor el espectador, fuera de los planos y contra-planos tan acostumbrados. Parece mucho más fácil pero la preparación técnica es impresionante. Por ejemplo, en Hablar los técnicos estuvieron una semana ensayando antes de hacerlo con los actores de la manera exacta en la que se hizo luego. Todos los problemas de luz y sonido fueron solventándolos: evitando las sombras, no interferir y a la vez captar. Mención especial no solo para los técnicos y el cámara, sino para el ayudante de dirección, que es el mejor preparado que he conocido nunca: tenía a su cargo, en vivo y en directo, a diez personas conectadas en diez puntos distintos de Lavapiés. Todo esto aparte de la preparación de toda la secuencia previamente. Me consta que lo pasó muy bien y que fue un reto para él. Verle en acción ha sido un placer y su trabajo ha sido sublime.

Esta película es un buen ejemplo de cómo andan las cosas, y entre estas cosas de cómo andan las cosas en cuanto actores en España. Es una gran foto de los actores de aquí.
En Hablar hay actores que vemos actuar mucho y otros que no tanto, incluso estudiantes de la escuela de Cristina Rota. La mezcla es estupenda: cicerones como Petra Martínez y Juan Margallo, gente que trabaja mucho en cine como Raúl Arévalo y Antonio de la Torre. Y hay algunos que vamos entrando en cine, tv y teatro como Álex García, Melanie Olivares o yo mismo. En el teatro Juan Diego Botto y Marta Etura, que también hacen cine. Más figurantes. Esta mezcla es el encanto de la propuesta. Y que el ciclo se cierre en la escuela de Cristina Rota. Es el punto mágico.

Ese momento en el que Juan y Petra están en el escenario es el punto mágico sin el cual no se entendería Hablar, sin el cual se quedaría en mero collage.
Es una película que quizás sea de culto, como Noche en la Tierra, pues tiene un punto raro y un punto que te engancha. Con historias que se entienden, que están completas, otras no lo están y solo vemos fragmentos de ellas. Ese punto dramatúgico es una gran baza que tiene Hablar como historia de historias. Hay un riesgo por parte del director preguntándonos a la los actores de qué nos apetece hablar, y hay un riesgo que se corre con el espectador pues no está acostumbrado a que le cuenten retazos de vida tan intensos. Y si de algo puede pecar la película es de intensidad. El caso es que sí que se cuentan estas historias en la manera en la que cada uno ha entendido que se quieren contar, incluido el director. Hay muchos filtros, empezando por el cámara, primer testigo y actor: qué parte se va a ver y qué no se va a ver. Es el que se acerca o se aleja de los actores. Como aprendizaje ha sido brutal porque es una experiencia única. Y si es un éxito puede que lo quieran hacer más, y lo hemos hecho por amor al arte, en precario, nadie ha visto un duro, de haber sido pagado hubiese sido una superproducción… Esto ha sido una especie de grito, entre todos los que participamos, de: queremos. Queremos pese a la situación, al IVA cultural… La contrapartida de que esto vaya bien es: se puede hacer más, ancha es Castilla.

Ahora que estás más centrado en el teatro, en dirigir y en actuar y en producir, ¿cómo ves este mundo en nuestro país?
El hecho de que esté montando obras como productor lo veo como algo necesario, porque si tengo que esperar a que papá y mamá Estado nos den de comer no lo haría. Y qué manera de desaprender eso que con un gobierno como el que tenemos. Estuvimos en la cultura de la subvención y nos han metido de lleno en la cultura de la invención: nos tenemos que inventar el dinero para poder hacer posibles algunas cosas. Hay un tipo de teatro que se está dejando de hacer por el mero hecho de que ni siquiera los estamentos públicos lo pueden acometer y porque los teatros privados no pueden plantearse una gira. No se recupera el dinero de la inversión que se ha hecho con elencos de más de cinco actores (es un riesgo absoluto). Y la mayor parte de los ayuntamientos en España se dedican a financiarse con nosotros. Muchos de ellos, gobernados por el PP, que nos llama titiriteros subvencionados que vivimos de la sopa boba, son los que te pagan a seis meses. Y me hago la pregunta: si ya has ingresado la taquilla, ¿por qué no me pagas? Eso cuando te pagan… A veces, cuando terminas una función te dan ganas de decir al público que ha pagado su entrada: ese dinero de la entrada es para la rotonda, para pagar la deuda del municipio, mientras nosotros los titiriteros tendremos que abrir líneas de crédito para poder seguir pagando a nuestros actores… La situación es surrealista. Mientras hay industrias menos rentables y más subvencionadas, y los que nos llaman subvencionados están encantados de poner la televisión y ver Isabel. Y de la serie Isabel sólo hay cinco actores que viven de ella, el resto nos vamos inventando la vida con otros proyectos. Y qué menos que te paguen los ayuntamientos cuando llenas las salas. Estamos en un punto de inflexión: o las cosas cambian o nos largamos de aquí. No nos queda otra. La situación es vergonzosa.

Has trabajado con Juan Diego Botto en Un trozo invisible de este mundo ¿Cómo ha sido la experiencia?
Fue un encuentro estupendo. Nos conocíamos a través de terceras personas. Él fue a ver Incrementun de Georges Perec, donde retomé la dirección, ya en serio, y le gustó y la programó en su sala. A partir de ahí me propuso dirigir algunos textos suyos. Los textos me parecieron muy buenos y honrados. Vi en ellos una invitación a ser su amigo, un acto de generosidad absoluto pues hablan de lo que anida en el fondo de su alma. A partir de aquí nos hemos hecho hermanos, y no nos planteamos el éxito que luego ha tenido la obra: Sala grande de Matadero, monólogo, sin presión de hacer un excelente trabajo, no es un panfleto, desde el corazón… Una experiencia inolvidable e irrepetible, como es el teatro. Ver cómo todos los días de representación el público se ha puesto de pie es inaudito. Una foto de lo que pasa, la vida subida a un escenario, sin concesiones. Ha sido un sueño hecho realidad.

Habiendo participado en Julio César como actor y dirigido Tempestad, ¿qué significa Shakespeare para ti?
También hice Romeo y Julieta en su momento, tengo muchos proyectos de Shakespeare en la mente y hay unas cuantas obras suyas que me gustaría hacer, como actor o como director. Shakespeare te da muchas posibilidades de jugar, no te acota la libertad. Y es un hombre que habla de la condición humana y es tan grande que te obliga a escoger de qué quieres hablar. Y eso hace que sea tan representable, que no hay dos Hamlets iguales ni dos Macbeths iguales. Sus posibilidades son infinitas. A partir de ahí es el público el que elige si está de acuerdo con tu punto de vista. Nuestra Tempestad era bastante gamberra, no así el Julio César que dirigió Paco Azorín. Si Shakespeare me gusta es como lo que fue: el bufón del mundo. Podía escupir al monarca la realidad de manera disfrazada, como todos los grandes, con elegancia. El rey podía ver la obra y no darse cuenta de que al reír se reía de sí mismo.

Dinos tus actores de referencia.
Trato de ver todas las películas que dirige Tim Robbins, por su elenco de actores. No me pierdo una película de Sean Penn, veo todos los trabajos de Javier Bardem, Leonardo Di Caprio (lo que hace en Titanic o Romeo y Julieta es magistral). Me entusiasma Eduard Fernández, Roberto Álamo, Óscar Jaenada, Víctor Clavijo… Hay muchísimo talento aquí y fuera y siempre te dejas a gente. Y en cuanto a referente universal te nombro a Marlon Brando como referente para todo, con sus luces y sus sombras.

¿Te veremos dirigir cine?
Ojalá, pero creo que no es el momento. Ni para mí ni para nadie. Si ya está difícil hacer teatro no hablemos de cine. En este país hemos tenido éxito en cinco películas pero hay que contar todas las que no han podido hacerse. Me encantaría contar una historia con el lenguaje cinematográfico, pero ahora mismo mi corazón está en las tablas y ahí estoy dando dándolo todo.

Un placer hablar con Sergio: amable, educado, culto y, sobre todo, apasionado de la vida y de su oficio. Suerte.

Más información sobre la película en http://www.splendorfilms.com/ficha/e/272/0/870/hablar.html

Mira:

Lee la entrevista publicada en la edición papel del ExPERPENTO verano 2015:

Enlace directo: http://issuu.com/experpento/docs/experpento_verano2015/24?e=2897458/13154779