Texto de Reyes Muñoz

En fondo estamos ante una profunda crítica social disfrazada de thriller policiaco. En forma, la obra despierta al mismo tiempo, agobio, inquietud y risas. “Naturaleza muerta en una cuneta” es teatro clásico del siglo XXI que ahora podemos ver en el Teatro Valle Inclán hasta el 23 de octubre.

Elisa Orlando es la naturaleza muerta. El inspector encargado de la investigación sólo tiene unas horas para resolver su crimen antes de que la cosa trascienda y la joven se convierta en la noticia del día. Tenemos unos padres que no tienen ni idea de lo que hace su hija cuando sale de su casa y tenemos novios, camellos, prostitutas, policías… pura calle.

En lo que se refiere a la escena, estamos ante una obra camaleónica. Los seis actores (Susana Abaitua, Sonia Almarcha, David Castillo, Adolfo Fernández, Ismael Martínez y Raúl Prieto) dan vida a una treintena de personajes y el pequeño escenario, cambia una y otra vez –y con lo mínimo– de carretera a hospital, de hogar a comisaría…

He leído en una nota de Europa Press que el equipo –liderado por Adolfo Fernández que tampoco se libra de pluriempleo congénito a esta obra–ha hecho ciertos cambios en la estructura del texto original, y que el autor –el precoz dramaturgo italiano Fausto Paravidino– primero tragó saliva y después reconoció el gran trabajo de K Producciones y Teatro Arriaga para el Centro Dramático Nacional. Por tanto, si el que a priori era el hueso más duro de roer ha quedado satisfecho… con los demás –público, críticos de profesión y otros entes– el pescado está más que vendido.

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