Entrevista de Arantxa Hernández
Fotos cortesía de La Portería de Jorge Juan ©

Dos jóvenes con carrera y máster que se van a Alemania buscando la oportunidad laboral que no encuentran en España. Podría ser el tema de conversación entre amigos en cualquier bar, pero con la visión de los guionistas de 7 vidas o Aída encabezados por Nacho G. Velilla, se convierte en la trama de la comedia Perdiendo el norte. Y Yon González es Hugo, uno de estos emigrantes del siglo XXI a los que todo parece venir del revés. Con él hablamos.

¿El éxito de Ocho apellidos vascos va a marcar el futuro de producciones como Perdiendo el norte?
Es que lo de Ochos apellidos vascos pasa una vez cada treinta años. Ojalá pasase con esta película, y que tuviera una taquilla tan espléndida. Pero si existiera la fórmula para convertir las películas en éxitos, seríamos todos multimillonarios. Pero claro, no existe. Si consiguiésemos la mitad, supongo que estaríamos muy contentos…

¿Y en lo que se refiere a convertir los dramas o los tabús en comedia?
Es verdad que la película se basa en un drama que existe de verdad. Que muchos, por la crisis, por el paro, se van. Algunos ven un programa como Españoles por el mundo, en el que todo parece maravilloso y hacen las maletas. Estos chavales de la película, con sus dos carreras, con su máster, llegan a Alemania convencidos de que se van a comer el mundo. Lo primero que se encuentran es que no pueden hacer nada por el idioma. La película, de hecho, se basa en la historia de unos andaluces que un día hicieron la maleta y se marcharon a Noruega. Y de un día para el otro, se encuentran durmiendo en la calle medio congelados, a punto de morir. La realidad es muy dura, pero la película trata de hacernos reír con eso.

¿Conoces a alguien en esa situación?
Yo no. Pero es verdad que si sacas el tema, enseguida alguien te dice, “pues mi amigo se fue a no sé dónde”. Pero yo personalmente no conozco a nadie en esa situación. Tengo un amigo que se fue a Ámsterdam, pero con todo muy planeado. Eso es más inteligente que decir, ¡Ala, a la aventura! ¡Una vez allí, me busco la vida! Pues seguramente te vas a dar un tortazo como el de los andaluces en Noruega.

En tu caso, no sé si te querrás ir… Da la sensación de que los actores que se van, triunfan… aunque a los que no triunfan, no les llegamos a conocer…
Claro, claro. Ves a Penélope Cruz, o ves a Bardem y parece que es llegar y oye, a triunfar. Y debe de haber mucha gente que ni siquiera tiene la más mínima opción de trabajar. Y te enteras si vuelve y te lo cuenta. Pero sí, admito que yo también sueño con irme algún día a trabajar a Nueva York o a Los Ángeles, pero antes tendría que aprender inglés para tener una mínima opción de buscarme la vida. Yo animo a la gente a que luche por sus sueños, a que intenten vivir de lo que les apasiona…, ya luego verán si la vida les deja o no.

¿Te sientes más cómodo en el drama o en la comedia?
Pues es que… me da igual. Mi comodidad no depende de si es drama o comedia. Depende del guión, mucho, pero de lo que más depende es del equipo: de tener un director, un buen comunicador que te guíe, de tener unos compañeros generosos, de contar con un buen equipo técnico, que no te juzgue, sino que te ayude… Drama o comedia… da igual, es que lo que cuenta es que lo hagas de verdad.

¿Hay algún papel al que dirías que no?
Sí, sí, claro. Pero no depende del papel tanto como de lo que te acabo de contar. El guión es importantísimo, pero mucho más importante es la gente de la que te vas a ver rodeado.

¿Has dicho alguna vez que sí, sin apetecerte nada de nada?
Por ahora no he tenido que decir a nada que sí para comer. Y que dure. La tele ha llenado mi vida de ilusión. Y ojalá sea capaz de mantenerme ahí. Hasta ahora, solo he tomado decisiones basándome en ampliar la brazada. Los papeles tienen que ser un reto, busco que sean todos muy diferentes, para que luego no digan: “mira este, vive de la naturalidad”. También es de cara a la gente de la profesión, que sean conscientes de que puedo ser versátil y piensen en mí para cualquier papel. Hay quien ha hecho tres papeles cómicos y cuando llega un papel dramático, quien contrata dice, no, este no, que solo sabe hacer comedia. No, no, no, no te equivoques. No es que yo no lo sepa hacer, es que tú todavía no me has visto…

En este caso está detrás Atresmedia, ¿influyen de alguna forma las televisiones en vuestro trabajo?
Realmente… es que no lo sé…

Supongo que ya no es empezar de cero… es decir, ya cuentas con una plataforma de difusión enorme…
Normalmente, quien gasta dinero en el cine suele ser un empresario, y no digo que esté mal, que es normal, pero si gasta el dinero es porque quiere ganar más. Es probable que me hagan algunos contratos pensando en todo lo que traigo detrás. La televisión hace que seas muy conocido. Y en mi caso, todas las series que he hecho han sido un éxito. A un empresario quizás no le interese tanto la calidad de mi trabajo como todo ese público que me sigue. Y una vez contratado, yo tengo que demostrar que valgo.

Háblanos del personaje… ¿Hay algo que envidias de él?
Pues no. La verdad es que yo estoy muy a gusto con lo que tengo, y creo que tengo todo lo que necesito. Hasta el momento la vida me sonríe, y creo que tengo que devolverle la sonrisa… sino pues sería un egoísta. No, no envidio nada de mis personajes. Me envidian ellos más a mí, seguro.

Se supone que somos la generación más formada…
Bueno, yo no. O sí. Yo me he formado sobre la marcha, trabajando en la televisión. No estudié interpretación, y no me he formado nunca. Ahora voy a clases de canto con una profesora extraordinaria. Por suerte, o no sé si por suerte, lo que he aprendido ha sido gracias a los equipos con los que he trabajado.

En esta película compartes escenas con José Sacristán o Carmen Machi, ¿cómo ha sido la experiencia?
Ha sido una experiencia maravillosa. Son esa clase de compañeros que hacen que tu trabajo se convierta en algo muy sencillo. Todo han sido facilidades con ellos. Son dos máquinas de la interpretación de las que sí que se aprende mucho.

En El internado fuiste, junto a Blanca Suárez, la pareja televisiva del momento, ¿cómo fue el reencuentro?
Ha sido muy fácil, hemos disfrutado mucho los dos. Una maravilla volver a coincidir cinco años después y con ganas de volver a encontrarnos dentro de uno, dos o cinco años.

¿La escena más divertida de rodar?
Hay una escena en la que mi compañero de reparto, Julián López, se disfraza de mujer. El motivo es que yo quiero que mi novia de España se crea que no me puede ir mejor en Alemania, que trabajo en una súper empresa… es un momento muy divertido en la película. Y nos lo pasamos bien haciéndola.

¿Alguna anécdota “berlinesca”?
La música electrónica. No tenía yo ni idea de que se hacía eso tan bueno por allí. Ha sido mi gran descubrimiento en Berlín.

Más información en: http://perdiendoelnorte.es/

perdiendoelnorteMarca de la casa: reírnos con temas tabú
Reyes Muñoz.- Muy a pesar del mito que señala que en España solo sabemos hacer dramas e historias de la guerra civil, la historia, con datos específicos demuestra que la comedia es nuestro plato fuerte. Nos reímos hasta de nuestra sombra. Porque además, la comedia arroja buenos datos de taquilla –no hay más que analizar el fenómeno de Torrente, o el más reciente, Ocho apellidos vascos–. La comedia no busca el premio de los críticos, sino el aplauso del gran público, que es quien al final paga las películas que están por rodar. En Perdiendo el norte se cuenta el drama de cientos de jóvenes españoles que cansados de darse contra un muro, hacen la maleta y se van. No, no es de llorar, es una película para reírnos. Y para asegurar el éxito de la producción, protagonizan el film Yon González, Julián López y Blanca Suárez, muy bien acompañados de caras muy conocidas: Úrsula Corberó, Carmen Machi, Miki Esparbé, Javier Cámara, José Sacristán… Chicote, Arturo Valls, por ejemplo.

Lee la entrevista en el ExPERPENTO edición impresa de marzo-abril 2015:

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