Texto: Reyes Muñoz de la Sierra

Mi perro se llamaba Niebla por Heidi y leí Niebla por mi perro. Con 14 años me enfrenté, como una panolis, a una de las dudas que me corroerá hasta que me muera, si es que me dejan morir. ¿Existo o soy el producto de la imaginación de alguien? Sin manera de descubrirlo, sigo viviendo, lo que no me libra de sentir muchas veces un escalofrío.

El lanzamiento de la colección Austral básicos (clásicos en papel a menos de tres euros) ha puesto en mis manos de nuevo este ensayo de terror psicológico –te obliga a pensar y pensar puede ser terrible– disfrazado de novela… o nivola. Miguel de Unamuno inventaba un nuevo género, en el que la ficción trastornaba los límites de la realidad. De ahí el título. Se dice que este texto no fue más que un desahogo de Unamuno. No hace falta sumergirnos en la España de principios del siglo XX para comprender sus miedos. El determinismo, la inmortalidad o el auténtico significado del albedrío le obsesionaban. Unamuno habla de un creador, y para él el auténtico castigo es que Dios deje de soñarnos. En Niebla jugó a ser Dios. Pero a él la criatura se le revela.

De principio de un siglo, a principios de otro siglo, han cambiado las formas, pero no el fondo de la angustia… ¿Eres de pastilla roja o eres de pastilla azul? Algunos vimos vagabundear por Matrix al pobre Augusto, cuyo epitafio, por cierto, es obra de Orfeo (sin m)… su perro.

Más información: http://www.planetadelibros.com/niebla-libro-69108.html

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